viernes, 21 de enero de 2011

¿Puedo... ?

-¿Puedo darte un abrazo?
-Sabes que no me gustan los abrazos.
-A mí tampoco.
-Entonces, ¿por qué quieres abrazarme?
-No sé, a lo mejor porque nunca lo he hecho.


Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

lunes, 17 de enero de 2011

Maldita adicción

Te echo de menos. Demasiado. Todavía espero tu llegada. Me lo prometiste, dijiste que vendrías a visitarme. ¿Por qué no lo has hecho?. Han pasado meses desde tu promesa. Y yo sigo con esta maldita y dulce adicción. Porque los besos que te robo en cada sueño son la esperanza más reconfortante que puedas imaginar. Son la cura de mis temores, mis dolores, mis depresiones... Son como un lecho hecho de nubes blancas en el que descansar cuando sé que ya nada está bien, que me he vuelto obsesiva, egoísta, insoportable... simplemente porque no soy capaz de entender ni admitir por qué no estás junto a mi. Porque eres mío. Absolutamente mío.

¿Y todo para qué?. ¿Estás jugando conmigo verdad? Sí, se que estás jugando conmigo, el problema es que no soy capaz de aceptarlo. ¿En serio eres tan bobo de no darte cuenta? No sé ya que otros modos existen para volver a decirte que te quiero. ¿Vas a seguir huyendo?. Supongo, porque esa es tu especialidad.

Cuando la luna me observa junto con las estrellas desde el cielo pienso en qué me está pasando. En mis sueños sé que me quieres, me prometes que a la noche siguiente estarás otra vez conmigo y yo siempre sonrío como una tonta, en vez de preguntarte por qué no puedes estar a mi lado también por la mañana.

Odio las mariposas, sobretodo cuando se cuelan en mi estómago. Parecen haberse instalado ahí hace quizás ya un mes; ni que fuese un lugar bonito y agradable en el que habitarse y revolotear. Lo curioso es que las siento cuando noto tu presencia, ¿o mejor dicho cuando la imagino?, simplemente con tu voz puedes lograr que me estremezca y no sea capaz ni de reaccionar, ni razonar... anulas cualquier coordinación. Debe ser por eso que continuamente me estampo contra cualquier cosa, una y otra vez, rompiendo mi burbuja en pedacitos transparentes que luego me cuesta horas recomponer.

¿Sabes? Cuando te tenga delante, te robaré un beso. Un beso diferente, verdadero. Será mejor que uno en cualquier sueño. Aunque inconscientemente sepa que tus labios no son más que una trampa con el veneno más mortal que pueda existir. Pero no me importa, porque ese día yo habré ganado, ese día serás todo para mí, por fín.

Ghislaine~


Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

viernes, 14 de enero de 2011

¿Dulce o amargo despertar?

Hoy he tenido un sueño que me ha roto el corazón.

Habían pasado los años, era el día de tu boda. Yo estaba allí, minutos antes de que empezara la ceremonia y me colé en la estancia dónde estabas para desearte suerte y darte todo mi apoyo. Fue en ese momento cuando me dio un vuelco el corazón, me quedé atrapada en el cielo azul de tu mirada, incapaz de pronunciar palabra... no sabía cuanto te amaba hasta que no te ví vestido con traje, indudablemente arrebatador y con tus ojos expresando ilusión y felicidad, no sabía cuanto te amaba hasta que no me dí cuenta de que estaba a punto de perderte, que estabas a punto de casarte con otra mujer. Tú sonreíste y me abrazaste, quizás agradeciendo el que yo estuviese allí, como hacen las buenas amigas... Amiga... cómo dolía esa palabra ahora. Ahora que sé que es demasiado tarde, ahora que no puedo evitar que las lágrimas sean derramadas recorriendo mis mejillas. Me miraste con gesto preocupado al darte cuenta de mis sollozos, preguntandome qué me pasaba. A lo que yo respondí con un simple y sincero "Te quiero", que llegaste a captar con todo su significado, mucho más que amistad. Ambos nos quedamos en silencio. Me sentía fatal por haberme dado cuenta tan tarde, por decirlo ahora y con un: "Lo siento", seguido de: "Creo que tenías que saberlo, aunque ya no signifique nada, aunque sea demasiado tarde... Espero que seas muy feliz" ; salí de allí apresuradamente después de regalarte una dulce y triste sonrisa. No sabía por qué, pero me quedé allí, en una esquina, camuflada entre los invitados. Llegó el momento, la hora de decir "sí quiero", un silencio sepulcral reinaba en la sala, un silencio que duró demasiado... que en menos de tres segundos hizo que crease falsas esperanzas y finalmente, un "sí quiero" salió de tus labios. Cerré los ojos, respiré hondo, por un momento noté que el vestido me apretaba demasiado, me dejaba sin aire. "Si alguien tiene alguna razón para oponerse a esta unión que hable ahora o calle para siempre". En menos de un segundo me imaginé un montón de escenas, hablando en vez de callar, una mínima oportunidad de que el matrimonio no se realizase. Abrí los ojos, los cuales se encontraron con los azules que tanto amaba. Quizás esperaba a que hablases, quizás quisieras o quizás tuvieses miedo de que lo hicera, quizás te sentías agradecido de que no me hubiese ido, si algo sabía es que tu mirada reflejaba duda. Sonreí mientras negaba con la cabeza, yo no era nadie ni tenía el derecho para oponerme a la que probablemente fuese una de las decisiones más importantes de tu vida, a la oportunidad de que fueses feliz... Había cumplido, había estado en la boda de mi mejor amigo, a tu lado, ahora era mi turno, el de marcharme, mi alma y mi corazón no podrían aguantar el festejo que vendría a continuación. Con un suspiro que resonó en toda la sala, desaparecí con mi vestido nuevo, sabiendo que aquella mujer debería haber sido yo.

Sé que todo ha sido un sueño porque ahora estoy despierta, porque las personas que ví en mi sueño eran de una edad más avanzada, pero podía reconocernos perfectamente. No sé si alegrarme porque era sólo eso: un sueño, o por el contrario, entristecerme y odiarme a mí misma por no ser capaz de afrontar la verdad y ni tener el valor de decirte que te quiero.



Aline~




Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

Asquerosa irrealidad.

Estoy harta. No puedo evitar soñarte. Por las noches estás tan cerca y por el día tan lejos... ¿Cuándo voy a poder tenerte las 24 horas de cada día, cada año... ? Asquerosa irrealidad.




Elyse~


Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

Mentiras.


-¿Me quieres?
- No, no te quiero. Pensaba que te había quedado claro.
- Mientes, sé que me quieres.


Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

Suspiros.

Suspiro. Te fuiste. Suspiro. Apareciste. Suspiro. Vuelta a empezar. Suspiro. ¿Por qué no puedes quedarte a mi lado para siempre? Suspiro. Lágrimas. Suspiro. Te vas. Suspiro. ¡Vuelve! Suspiro. Todo está oscuro. Suspiro. Quédate conmigo... 9 suspiros.



Creative Commons License
Nuits de mélancolie by Kissa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
Based on a work at nuitsdemelancolie.blogspot.com.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Estupidez (Parte 2)


No sabía explicar como me sentía en aquel momento, con millones de sentimientos agolpando mi cabeza y mi corazón, con todos los recuerdos proyectados en mi mente en forma de fotografías a gran velocidad. ¿Qué hacía aquí? ¿Por qué había vuelto? No sabía si sentir terror, tristeza o sorpresa, o todas a la vez. No sabía la razón por la cual había decidido venir aquí, al merendero del parque, donde hacía 6 meses... ¡6 meses! ¡Qué rápido pasaba el tiempo¡ El lugar en el cual... mi cara golpeó contra el barro seco del suelo. Me estremecí sólo de recordarlo.

Y aquí estaba frente a mí, observandome, pero esta vez su gesto era tranquilo, lleno de dolor y quizás algo de tristeza. Sus ojos, azules como el más hermoso cielo de la mañana, brillaban con intesidad buscando la manera de encontrarse con los míos. Dio un paso hacia delante. De forma automática yo retrocedí tres, apretando los puños con la fuerza que fuí capaz. Dio otro. Yo otros tres, obviamente, hacia atrás. Finalmente, pareció darse cuenta de que a cada paso que diese, yo me alejaría tres veces más, por lo que se quedó inmóvil, en silencio.

El viento se abrió paso entre los árboles, hizo sonar las hojas y ondeó ligeramente nuestras ropas.
Éramos dos personas bajo el sol primaveral que no habían esperado volverse a encontrar.
-Lo siento... - un suave susurro fue emitido por sus labios, tan suave que parecía que había sido el sonido del viento quien me había jugado una mala pasada y sólo había sido imaginación mía - De verdad que lo siento...
- ¿Q... Qué? - pregunté con un hilo de voz, ni siquiera sabía de donde había sacado el valor y las fuerzas para pronunciar si quiera una sóla palabra.

-Que no sabes como me arrepiendo de lo que hice... todavía no encuentro las razones o motivos por los que lo hice; no entiendo que se me pudo pasar por la cabeza... yo nunca había sido así, jamás me imaginé capaz de hacer daño a nadie y mucho menos a tí.
-Pero lo hiciste. - intenté contener mis lágrimas, que amenazaban por derramarse por mis mejillas.

-Lo sé y no sabes como me arrepiento. No hay día que no me atormente por ello, durante estos seis meses he tratado de encontrar una explicación o cualquier otra cosa para que me puedas perdonar, pero es imposible... ni siquiera me lo merezco, no puedo pedirte esto.

-¡¿Por qué estás aquí?¡ ¡Joder! ¡¿Qué haces aquí?! - me mordí el labio inferior con fuerza, con los puños cerrados y esta vez derramando un mar de lágrimas.

-Todos los días paso la tarde aquí esperando encontrarte, saber cómo estás y poder pedirte perdón. Ahora que ya lo he hecho, no tengo de qué esconderme, seguramente algún reformatorio estará esperandome.

-No, no te espera nadie, le dije a mis padres que no recordaba nada, sólo que me caí, obviamente no me creen pero... no tienes de qué preocuparte.

-¿Por qué has dicho eso? ¿Por qué lo has hecho? ¿Acaso no me lo merezco? Dame una sola razón por la cual no quieras que esté dónde debo estar.

-Porque cometiste un error, uno muy grande. Y porque te quiero.

-No digas eso, no merezco esas palabras...

-No se puede negar lo evidente. No debo engañarme a mí misma.

Esta vez ya no supo conestar, volvió a quedarse en silencio, con la mirada clavada en alguna parte del suelo, con gesto arrepentido.

-Me voy, muy lejos. Espero que olvides todo lo que ha pasado y que llegues a ser feliz. - comenzó a caminar de camino a la entrada del parque, como dijo, para marcharse.

¿Cómo se atrevía después de todo lo que me había hecho pasar? ¡No tenía el derecho de irse! No lo tenía, no podía dejarme otra vez.

-¡No te vayas! - corrí hacia él lo más rápido que pude logrando tocar ligeramente su hombro.

Se giró bruscamente, sus ojos llorosos lograron clavarse en los míos y no tardaron en empezar a derramar lágrimas.

-Tengo que hacerlo... ¿No lo entiendes? Dame un razón por la cual no deba irme... - su voz transmitía un inmenso dolor.

-Ya te lo he dicho. Porque te quiero... - supongo que ni siquiera lo pensé, me tiré a sus brazos, lo abracé con todas mis fuerzas, apoyé mi cabeza en su pecho, respirando su olor, ese que tanto añoraba.

No dijo nada, pero noté como sus brazos me rodeaban la cintura, como sus manos acariciaban mi espalda, como apoyaba su cabeza contra mi pelo.

-Pégame... - me susurró al oído.

-¿Cómo? - pregunté desconcertada.

-Que me pegues. Venga, pégame. Me lo merezco.

-Pero... yo no puedo hacer eso, no soy capaz, no quiero hacerte daño, aunque bueno, dudo que lo haga.

-¿Quieres que me quede? Pégame.

- ¿Me estás chantajeando?

-Llámalo como quieras, no puedo quedarme sin un mínimo de justicia, necesito mi propio castigo, necesito que me odies... no puedo quedarme y arriesgarme a volverte a hacer daño. Te lo suplico, pégame.

-Lo siento, no puedo hacerlo. Sería demasiado egoísta.

-En ese caso... me voy. - comenzó a apartarme lenta y cuidadosamente, como si yo fuese una muñeca tan frágil que a la mínima se fuese a romper.

-¡Nooo! ¡Te odio! ¡Odio no poder odiarte! ¡Odio amarte! ¡Odio perdonarte! ¡Odio perderte! - le dí una torta en toda la cara, no quería hacerlo, pero simplemente se me escapó, se me escapó porque no quería que se fuese, se me escapó de la misma rabia al no querer pegarle, se me escapó porque le quería.

- No es suficiente - susurró.

-¡Odio que no sea suficiente! - comencé a golpear su pecho débilmente, ya no tenía fuerzas para nada, sólo quería que se quedase y cada vez le veía más lejos. Tenía miedo de no volverle a ver. No, no podía irse.

Cuando todas mis fuerzas se agotaron, paré, volviendo a llorar de forma descontrolada. Él se acercó y me abrazó de nuevo.

-Gracias - susurró.

No dije nada, simplemente me dediqué a apartarme un poco, mirarle a los ojos por un instante, para seguidamente ponerme de puntillas y así llegar a sus labios. No fue hasta que estos chocaron con los míos cuando logré en contrar por fín la paz y satisfacer la necesidad de estar junto a él.